I
Justo el momento
en que me dispuse a tocar el sol
cayó una rama mutilada entre mis brazos
y a esta hora milenaria
en que camino por las calles
con un nudo tibio ocupando mi pecho
siento que me viene encima
el peso horrible de la ciudad.
II
Esta tarde que parece tan triste
me ha arrojado
el tono de una voz fingida,
el ruido atenuado de los autos,
el acento de una canción mezquina,
tres preguntas insolentes
y todo lo quiero callar con un gesto
porque en este anochecer
quiero de un tirón
lanzar mi vista al mar
como una gaviota herida.
III
Ahora, después de un día rutinario,
me permito no contarles
la historia de dos amantes
o la epopeya de un barrio norteño,
la emoción que deja la alborada
o la ingenuidad de un pecho adolescente
me permito decirles en confianza
que prefiero hoy
rendirle aplausos a la muerte.
1983